Juana Natividad Suárez

La familia santacruceña La Fuente Fernández lleva varios años incorporada al Movimiento de Artesanos de este territorio, mostrando triunfalmente su labor en la exposición local “Generaciones”. Natividad Fernández Suárez (Bada) hace más de medio siglo se dedica a tejer y a bordar, pero siente mayor predilección por la primera de estas actividades.

“Cuando Aleida, mi hija, tenía meses de nacida, una amiga mía me preguntó si sabía bordar Canebá (Punto de Cruz), le respondí que sí. En cada conversación que sosteníamos ella decía que conocía de todo… no quise quedarme atrás”.

La Revista mejicana “La Familia”, entraba a Cuba, hace muchos años, con mucha sistematicidad, se repartía quincenalmente, en sus hojas los consejos y tareas prácticas para las mujeres, no faltaban.

“Mi amiga me trajo el suplemento conjuntamente con la tela y el hilo, me di a la tarea de aprender, estuve dos días buscando la manera de entrarle a aquello, y gracias a Dios que pude cumplir, salió el primer sobre cama”.

Esta creadora le cogió bien el gusto a las agujas y al hilo, dando uso apropiado a los momentos de ocio. Sus manos fabricaron encargos de amistades. Rememora que un mantel hecho para una prima suya, cogió premio en una Feria Ganadera en el año 1956, donde se presentó la llamativa pieza.

Transmitió sus conocimientos autodidactas a su hija Aleida y a su nieta María Isabel (Marucha), quienes han sabido ponerlos en práctica, sacándole un eficiente provecho.

En la casa de mampostería con el número 57, ubicada en la calle E, se puede apreciar como el hilo de estambre toma vida en los sacos de yute, conformando bellas formas, con el tono artístico atractivo, mientras los manteles exponen el toque cuidadoso y esmerado.

Para Aleida el bordado es un aliciente necesario. “Cuando confecciono algo, es como si estuviera dando a luz un nuevo hijo, me gusta trabajar con los animales, las estampas mejicanas, ahora comenzaré con las frutas, aunque voy a elaborar algo con la langosta, pues es un crustáceo que se captura en este pueblo costero”.

“Lo que más dificultad me dio- afirma- fue bordar la cabeza de un caballo, lo hice a petición de mi hijo, realmente me sacó de las casillas, estuve un mes en ese ajetreo, es lo único de todo lo que he hecho que lleva mi nombre”.

Para Marucha tejer tapetes es muy placentero, las cuatro agujas las manipula con la armonía del encanto. Defiende la tradición con orgullo. “Me siento relajada, eso me seda, y es algo útil a lo que me entrego a diario”.

Natividad ha dotado a su familia de la mejor herencia: la creación. Quedará por siempre lo que con amor se realiza. No existe para ellas el interés monetario, solo el deseo de dar lo mejor a la hora de hacer.

La semillita del saber ya se la sembraron a Elizabet, la bisnieta de Natividad e hija de María Isabel. La pequeña se muestra interesada por ayudar, ya se atreve a hacer con las agujetas sencillas labores. No pasará mucho tiempo para que la niña se decida a tejer o bordar, o tal vez por ambas cosas. Lo que sí aseguramos, es que ya tiene buenas maestras, para entrar en ulteriores años al Movimiento de Artesanos de Santa Cruz del Sur.

Artículo: Artesanas de corazón, de Raúl Reyes Rodríguez.